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Ciencias

Una plaga incontrolable

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La tercera sesión de la novena temporada de Escépticos en el Pub, iniciada en 2011 y organizada por el Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna, tuvo lugar ayer miércoles, 17 de octubre, a las 20.00 horas en el Café 7. La charla Picudo de la Platanera; el acorazado silencioso se desarrolló de la mano del ponente Ginés de Haro Brito, ingeniero agrícola por la Escuela Técnica Superior Agraria de Córdoba. La conferencia se inició con el relato que compartió el experto acerca de su primera experiencia con este problema, durante sus inicios trabajando en una empresa dedicada al cultivo y comercialización de plátanos.

El animal se introducía en la planta y la larva iba comiendo y debilitando la cabeza de esta provocando finalmente su caída, lo que causaba una pérdida de entre un 20 y un 25 % de la producción. Añadió que “son como el colesterol”, es decir, no se aprecian a simple vista. Además, mantienen un hábito nocturno, lo que dificulta aún más la posibilidad de capturarlos.

Aclaró, que este insecto afecta a todas las zonas de producción platanera del mundo, entre ellas Canarias. En las Islas se identificó por primera vez en 1945, concretamente en Gran Canaria, donde consiguió erradicarse. Posteriormente tuvo su segunda aparición en 1986 en Icod de los Vinos, Tenerife. Continuó extendiéndose hacia el sur, a la Gomera (1990) y a la Palma (2001).

150 crías por hembra al año
Para continuar, expuso que, con unas temperaturas de 25 ºC, el insecto tarda aproximadamente sesenta días en completar su ciclo. Es capaz de poner dos huevos por semana, en siete días este se convierte en larva, cincuenta días más tarde en pupa y, diez jornadas después, se desarrolla un adulto. Durante el verano, las posibilidades de reproducción aumentan. Los grados mínimos de proliferación de esta plaga son los 14 ºC, dato mediante el que el ponente afirmó que, entre enero y febrero, las probabilidades disminuyen.

Asimismo, el ingeniero señaló que las principales formas de distribución pueden ser diversas: mediante el traslado de cabezas contaminadas de una finca a otra, a través de camiones de transporte de fruta o en la misma ropa y calzado. Muchos agricultores aseguran haber visto volar al picudo, sin embargo, aclaró, que ningún estudio reitera esta posibilidad.

Un problema que va un aumento
“Debido al incremento de las temperaturas, nos encontramos ante un bicho que está disparatado y que continuará creciendo cada vez más”, comentó Brito. En este sentio, indicó que se dispone de unas herramientas muy escasas para combatirla y de un precio elevado. “El principal motivo de que nos encontremos en esta situación, entre otros, es la sobre valoración de las trampas convencionales como alternativa frente a otros métodos de mayor efectividad”, aseveró.

Antes de finalizar, el ponente compartió con todos los oyentes de la sala sus propias reflexiones, entre las que requería un aumento de la rigurosidad en los métodos científicos, la comprobación de la seriedad de los estudios antes de validarlos y, por último, una mayor responsabilidad hacia los propios agricultores a la hora de recomendar soluciones para acabar con esta epidemia.

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